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Azitromicina y Covid-19

DR. JOSÉ LUIS CASTAÑEDA NARVÁEZ
ACADEMIA MEXICANA DE PEDIATRÍA AC

INTRODUCCIÓN

Desde su inicio en enero del 2020, la pandemia por COVID-19 se ha convertido en un problema que afecta a todo el mundo y ha ocasionado graves problemas con consecuencias importantes. Se informan cada vez nuevos casos ocasionados por las nuevas subclases de la COVID-19, con implicaciones en todos los aspectos de salud de un país. A lo largo de la pandemia de COVID-19 muchos han sido los medicamentos utilizados para ayudar a los pacientes a combatir el COVID-19. Uno de ellos es azitromicina, un antibiótico que presenta una acción antiinflamatoria y es uno de los pilares en la fisiopatogenia de la COVID-19. Además, se utiliza en el paciente infectado por su acción antimicrobiana en la prevención de infecciones agregadas que agravan el pronóstico.

HISTORIA DE LOS CORONAVIRUS

Los coronavirus humanos fueron descritos por primera vez en la década de 1960 en cavidades nasales de pacientes con un resfriado común. Estos virus fueron nombrados posteriormente coronavirus humanos, los cuales circulan globalmente en la población humana y causan alrededor de un tercio de los casos de resfriado común. Al igual que otros tipos de virus, pueden causar enfermedades más graves del aparato respiratorio, como bronquitis o neumonía, en particular en personas con factores de riesgo, ancianos, niños y pacientes inmunodeprimidos. Además de afecciones respiratorias, también pueden causar enfermedades intestinales y neurológicas.

EVOLUCIÓN DE BROTES

El 12 de marzo del 2003, el Centro de Alerta y Respuesta Mundiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó una alerta global acerca de una neumonía atípica a raíz de informes del Departamento de Salud de Hong Kong, China y otros provenientes de Hanoi, Vietnam, donde se venían produciendo brotes en hospitales públicos desde el mes de febrero, tanto en pacientes como en los trabajadores de la salud que los atendían y sus contactos cercanos. El agente etiológico fue SARS-CoV, que es altamente infeccioso y tiene una tasa de ataque >50% entre los trabajadores de la salud que cuidaron de los pacientes con el síndrome. Al 30 de mayo de 2003, el SARS se había reportado en 30 países. El número de casos era de 8,295 alrededor del mundo, de los cuales 750 habían fallecido, lo que equivale a una tasa de letalidad del 9%. Posteriormente, en septiembre de 2012, se identificó un nuevo tipo de coronavirus, llamado inicialmente coronavirus nuevo 2012 y ahora con el nombre oficial coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV) relacionado con los murcielagos.

El agente causante del síndrome respiratorio agudo severo (SARS) es un virus de tipo RNA, del género Coronavirus y familia Coronaviridae que afecta a los vertebrados, incluido el hombre. Se le llamo SARS-CoV por el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), CoV por el (coronavirus) y 2 porque ya existía el SARS-CoV-1.

El brote surgió en la ciudad china de Wuhan, una metrópoli de 11 millones de habitantes en la provincia de Hubei, China. Aunque los datos filogenéticos conocidos indican que podría tratarse del murciélago, no se conoce por completo la fuente de la infección ni cómo se produjo su “salto” a humanos.

Las primeras informaciones recibidas por la oficina de la OMS en China sobre una serie de casos de neumonía de etiología desconocida tuvieron lugar el 31 de diciembre de 2019,2 identificándose como causa el virus en cuestión el día 7 de enero 2020; científicos de Shanghái publicaron 3 días más tarde los datos genómicos completos del nuevo coronavirus, cuyos análisis preliminares sugieren cierta homología en aminoácidos respecto al SARS, según la cual podría ser capaz de usar la proteína ACE2 como receptor, con importantes implicaciones a la hora de predecir su potencial de generar una pandemia.

El virus SARS-CoV-2 se puede transmitir de persona a persona y por similitud con otros betacoronavirus conocidos (MERS-CoV y SARS-CoV), se cree que el SARS-CoV-2 se transmite principalmente por el contacto directo con las secreciones respiratorias de un animal o persona infectada, en especial a través de gotículas respiratorias de menos de 5 micras emitidas con la tos o los estornudos, o por con las mucosas de otra persona infectada (nariz, boca u ojos).

Parece poco probable la transmisión por el aire a distancias mayores de 1 a 2 metros.

AZITROMICINA

Azitromicina (AZT) es un antibiótico que se ha utilizado desde el inicio de la pandemia por sus propiedades antinflamatorias. Durante la pandemia de COVID-19, AZT se convirtió en objeto de discusiones sobre su uso, especialmente cuando se asocia con hidroxicloroquina (HCQ), para el tratamiento del SARS-CoV-2. AZT es un antibiótico de la subclase de los macrólidos con un uso farmacoterapéutico variado, en especial en el tratamiento de las infecciones bacterianas, respiratorias, genitourinarias y entéricas. El rendimiento principal de AZT es bacteriostático, es decir, actúa para prevenir la multiplicación de la bacteria. Sin embargo, algunos estudios indican que, además de la actividad antimicrobiana, los macrólidos tienen propiedades antiinflamatorias y antivirales.

MANEJO DE LA ENFERMEDAD POR COVID-19

En el paciente con COVID-19, la sintomatología es variada, con síntomas como fiebre, tos seca, cansancio, malestar general, dolor muscular, dolor de garganta, diarrea, cefalea, conjuntivitis, pérdida del sentido del olfato y del gusto y otras más. El manejo de estos pacientes no hospitalizados incluye además de las medidas de aislamiento epidemiológico un manejo sintomático según los síntomas predominantes.

Se ha reportado que el uso de analgésicos como paracetamol es muy útil. Los accesos de tos pueden ser tratados con combinación de mucolíticos como ambroxol y, si hay espasmo bronquial, en combinación con salbutamol.

Como es sabido, el SARS-CoV-2 produce una serie de procesos inflamatorios en el paciente que afectan varios órganos de la economía.

Al no existir un medicamento antiviral efectivo y utilizado a nivel popular, diversos medicamentos han sido utilizados para tratar los procesos inflamatorios y las afectaciones en el huésped susceptible, tratando de evitar la llamada “tormenta de citocinas” y que lleven a una recuperación del paciente, reduciendo su hospitalización, en especial con adultos con comorbilidad.

Azitromicina es un antibiótico de amplio espectro del grupo de los macrólidos que actúa contra varias bacterias grampositivas y gramnegativas También es efectiva contra Treponema pallidum, Chlamydia y Mycobacterium avium complex y Mycoplasma pneumoniae.

Esto incluye infecciones del oído medio, faringitis estreptocócica, neumonía, diarrea del viajero y algunas otras infecciones intestinales. También puede utilizarse para varias infecciones de transmisión sexual, como clamidia y gonorrea. Puede tomarse por vía oral o intravenosa, con dosis una vez al día.

Azitromicina se absorbe rápidamente desde el tracto gastrointestinal, alcanzando el pico de concentración sérica a las 2 horas desde su ingesta por vía oral sin alimentos.

La biodisponibilidad de azitromicina varía entre un 35 y un 42%. Azitromicina penetra rápida y extensamente en los tejidos: piel, pulmones, amígdalas, cuello uterino y próstata.

Los niveles en los macrófagos y polimorfonucleares pulmonares, tejido de las amígdalas, tejidos genitales o pélvicos permanecen elevados por períodos largos con una vida media tisular de 2 a 4 días. Esta característica permite la administración de una única dosis.

Su espectro incluye aerobios grampositivos: Staphylococcus aureus, Streptococcus pyogenes, Streptococcus pneumoniae, estreptococos alfahemolíticos (grupo viridans); aerobios gramnegativos: Haemophilus influenzae, Haemophilus parainfluenzae, Branhamella catarrhalis, Legionella pneumophila, Bordetella pertussis y anaerobios: Bacteroides fragilis y otras especies de Bacteroides.

INDICACIONES

Azitromicina es utilizada para tratar ciertas infecciones del tipo de la bronquitis y neumonía. Azitromicina ha sido utilizada de manera segura y efectiva para el tratamiento de infecciones pediátricas, entre las cuales se encuentran: faringitis y amigdalitis, otitis media e infecciones del tracto respiratorio.

ANTECEDENTES QUE SEÑALABAN SU USO EN LA COVID 19

Azitromicina es un fármaco administrado por vía oral, barato y accesible que ha sido propuesto por su potencial actividad antiviral para COVID-19. Los primeros datos indicaban que una combinación de hidroxicloroquina y azitromicina reducía la carga viral en personas infectadas por COVID-19.

Es bien sabido que el mecanismo de acción de azitromicina es bacteriostático, previniendo la multiplicación de las bacterias. Sin embargo, existen estudios que han probado que los macrólidos, además de su actividad antimicrobiana, tienen propiedades antinflamatorias y antivirales como inmunomoduladores.

MECANISMO DE ACCIÓN DE AZITROMICINA SOBRE EL VIRUS DE COVID 19

Azitromicina se introdujo como tratamiento en adultos mayores con comorbilidades que padecían COVID 19.

El mecanismo de acción reportado mostró que azitromicina puede incrementar el pH de la red del aparato de Golgi y el reciclado del endosoma. Azitromicina también puede reducir los niveles de la enzima ferritina y con esto interferir con la habilidad de la infección por SARS-CoV- 2 de entrar a la célula interfiriendo en la unión de la espícula viral. Además, la habilidad de azitromicina para reducir los niveles de citosinas proinflamatorias como IL-6 reduce la habilidad de desencadenar la tormenta de citosinas solas o con asociación al daño tisular.

Ante la imposibilidad de distinguir una neumonía bacteriana agregada, y dado que puede no ser posible descartar una neumonía bacteriana, se ha propuesto el uso de terapia antibiótica como parte del arsenal terapéutico a este respecto.

Existen varias patologías respiratorias ocasionados por los procesos virales, como infecciones de garganta, amigdalitis, otitis o sinusitis. La neumonía constituye la manifestación grave más frecuente de la COVID-19.

El uso de macrólidos como una alternativa potencial de tratamiento se postuló por su amplia disponibilidad y su uso previo en infecciones respiratorias agudas y crónicas. Además de su efecto antibacteriano, los macrólidos han recibido atención por su efecto in vitro inmunomodulador y antiinflamatorio.

Sin embargo, la evidencia sugiere que en pacientes con comorbilidad previa se puede aumentar el riesgo de arritmias ventriculares fatales y prolongación del intervalo QTc, riesgo que puede incrementar por el uso de otros fármacos, como hidroxicloroquina, que se conoce prolongan el intervalo QTc.

Se ha concluido que el uso de azitromicina en pacientes con COVID-19 es controvertido para reducir la carga viral y que su uso deberá reservarse para el tratamiento de microrganismos bacterianos que ocasionan procesos infecciosos agregados durante su evolución.

REFERENCIAS

  1. Gorbalenya AE, Baker SC, Baric RS, et al. Severe acute respiratory syndrome-related coronavirus:
    The species and its viruses – a statement of the Coronavirus Study Group. bioRxiv 2020; doi: 10.1101/2020.02.07.937862.
  2. Novel coronavirus (2019-nCoV), Wuhan, China». Centers for Disease Control and Prevention. 10 de enero de 2020.
    Archivado desde el original el 11 de enero de 2020. Consultado el 15 agosto de 2021.
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    Firth A, Prathapan P. Azithromycin: The First Broad-spectrum Therapeutic. Eur J Med Chem 2020 Dec 1;207:112739. doi: 10.1016/j.ejmech.2020.112739.
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  7. Coutard B, Valle C, de Lamballerie X, Canard B, Seidah NG, Decroly E. The spike glycoprotein of the new coronavirus 2019-nCoV
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