Rosácea

La rosácea es una patología acneiforme inflamatoria crónica que afecta aproximadamente a un 10% de la población, con mayor prevalencia en sujetos de piel clara. Es más frecuente en las mujeres, aunque en los varones pueden presentarse formas más graves de la enfermedad. Es una alteración que aparece principalmente entre los 20 y los 50 años de edad.

La afectación habitualmente se localiza en la cara, de distribución simétrica, y afecta zonas centrales de la frente, mejillas, mentón y nariz, respetando la región periocular. También pueden presentarse lesiones en las orejas, cuello, parte superior del tronco y cuero cabelludo; sin embargo, estas presentaciones son menos habituales.

Las manifestaciones clínicas inician con un eritema transitorio en la cara, rubor o flushing, que puede convertirse en persistente (duración igual o superior a 3 meses). También es común observar pápulas y pústulas, telangiectasias y sequedad de la piel. El paciente puede referir sensación de tirantez o quemazón.

En ocasiones aparecen edema facial y síntomas oculares y en etapas avanzadas pueden registrarse cambios fimatosos debidos a hiperplasia de las glándulas sebáceas, habitualmente en la nariz (rinofima, más común en varones).

El diagnóstico es clínico y antes de iniciar el tratamiento se debe realizar un diagnóstico diferencial con otras alteraciones, como el acné o la mastocitosis.

Entre los desencadenantes de la enfermedad se han identificado los cambios de temperatura, así como temperaturas extremas, factores alimentarios, consumo de alcohol, uso de cosméticos, situaciones de mayor estrés emocional, ejercicio físico y otros.

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